Portada
Contacto
Seguinos en Facebook
Farmacia de Turno


























  Noticias  
29-10-2010 - Las mujeres y el duelo
Cómo afrontar la pérdida al enviudar



El desafío de este proceso emocional es encontrar un nuevo sentido en la vida luego de la muerte del ser querido. Las circunstancias, la edad y la personalidad previa de la viuda son factores que influirán en la forma en que ésta reaccione y acepte la nueva realidad.

El duelo es la reacción o el proceso emocional por el que atraviesa una persona ante la muerte de un ser querido. Y como la muerte, son situaciones naturales y esperables, para las que los seres humanos tenemos herramientas para salir adelante. “A lo largo de nuestra vida, y hasta que nos duelen a nosotros, tendremos que hacer el duelo por nuestros seres queridos”, apunta la psicóloga Mirta Dall’Occhio, directora del Centro de Estudio de Estrés y Ansiedad Hémera. “Si bien el período posterior a la pérdida es muy estresante, el aparato psíquico de los seres humanos está preparado para afrontar esas situaciones”, dice la especialista.

Diferentes formas de afrontar la pérdida

La manera en que una persona encara la pérdida de un ser querido varía de acuerdo a diversos factores. La edad y la personalidad previa de la persona que tiene que enfrentar la situación influirán en cómo ésta pase el duelo. “Aquellas que superan los 50 años tienen recursos de afrontamiento, ya que tienen una clara conciencia de su propia finitud y de la finitud de los otros, con lo cual, no indicaría que deban atravesar ese proceso de forma traumática”, afirma Dall’Occhio.

Esto también variará de acuerdo al factor sorpresa, es decir, si la persona tuvo tiempo de hacerse la idea o no de la posible muerte (en estos casos, no es lo mismo un accidente repentino que la conclusión de una larga enfermedad), y al grado de dependencia que tenía la mujer respecto de la persona que murió, ya sea económica como emocional.

En este sentido, es importante tener en cuenta que el lugar social de la mujer sola cambió. “Hace 100 años, la mirada social de la mujer estaba asociada directamente al hombre que estaba a su lado y la viuda era vista como una pobre mujer a la que había que acompañar. Sin embargo, hoy esto cambió y la muerte del cónyuge no necesariamente ocupará un lugar dramático en su vida, aunque sí de mucha tristeza”, indica Dall’Occhio.

Por otro lado, la licenciada Diana Liberman, coordinadora de Duelum, Centro de Recuperación Emocional de la Pérdida cree en la “importancia de aprender, no a cómo decir adiós, sino a desarrollar nuevos modos de vinculación con ése otro que ahora ya no está presente físicamente. Porque la vida continúa, aunque ya no sea igual que antes. La nueva vida incluirá la ausencia del ser querido, dicho de otro modo, será una vida en donde la ausencia pasará a ser una presencia”.

El tiempo y las formas del luto

El período de luto no se puede medir, ya que varía de persona a persona. “Es un proceso incierto, con altos y bajos. Tiene que ver mucho más con lo individual, dado que cada proceso es diferente según una serie de variables personales. La persona que está pasando por un momento de duelo tiene como tarea buscar un sentido y un significado a su pérdida, y esto es un camino individual y único. Se puede estar triste o enojado, pero también se entremezclan muchas otras emociones”, afirma Liberman. Sin embargo, es durante el primer año posterior a la muerte cuando la persona elabora esa pérdida. Como siempre, en este tiempo es importante el apoyo de la familia y la compañía del entorno.

El proceso de duelo tiene diferentes fases, aunque no siempre se producen en el mismo orden. Al comienzo, la persona se encuentra con el impacto ante la pérdida. Para Dall’Occhio, es el momento más estresante, cuando se da cuenta que perdió a un ser querido. Luego, puede experimentar enojo ante la nueva situación y también la necesidad de buscar “culpables”, por ejemplo, al pensar qué hubiera pasado si se hubiera cuidado más, si hubiera manejado más despacio o si lo hubiesen atendido antes. También, la persona puede tener una reacción de negación (“esto no puede estar pasando”) y sentimientos de profunda tristeza, ya que en su cotidianeidad no encuentra más a la persona que se fue. Luego, llega el momento de la aceptación de la realidad.

En este sentido, no se debe confundir duelo con depresión, el cual se da cuando la persona no puede superar la fase de aceptación. En este sentido, Dall’Occhio explica que “las personas pueden quedar trabadas en una fase del duelo y ahí es cuando se convierte en patológico. Por ejemplo, si es en la fase de depresión, podrá tener actitudes maníacas, o si es en la de enojo, quizás pueda estar furioso buscando culpables. Sin embargo, lo esperable es que los seres humanos podamos superar estas situaciones, ya que venimos equipados para afrontar las pérdidas”.

Liberman, por su parte, indica que “el duelo es algo que nosotros mismos hacemos, y no algo que se nos hace. El duelo me transforma en protagonista, es un proceso activo en dónde se ponen en juego mis propios recursos, de un modo especial y único. El desafío que impone justamente el duelo es encontrar un nuevo sentido en la vida a partir de la pérdida”.

Fuente: www.entremujeres.com